Estaba en la combi el otro día. El asiento de mi costado estaba vacío, yo estaba sentada al lado del pasillo. Se sube un hombre y se queda parado frente a mí, como esperando que mágicamente algo pase. Lo miro y le pregunto: “¿Quieres pasar?” Y me dice: “Sí”, y yo para mí: “brodeeeer, ¿por qué no hablas, crees que leo mentes? ¿Acaso eres el Profesor Charles Xavier?” Ha-bla.
Entonces me quedé pensando: ¿por qué es tan difícil articular verbalmente lo que queremos o necesitamos? Si un niño tiene hambre, va donde su mamá o papá y le dice que tiene hambre. Si un bebe tiene hambre, llora hasta que su mamá lo ponga en su pecho y lacte. ¿En qué momento se volvió tan difícil decir lo que necesitamos? No es nada del otro mundo decir: “¿Me das permiso por fa?” o “¿Me dejas pasar para sentarme ahí?” o “Permiso, por favor”. De todas maneras tienes que decir “Paradero baja”.
Qué difícil se me hacía decir “paradero baja” cuando estaba en el cole y hasta los primeros ciclos de la u. Literalmente, me tenía que armar de valor. Unas cinco cuadras antes empezaba a practicar en mi mente. Y es que sabía que tenía que decirlo en voz alta y clara porque, si no, la combi no paraba y me pasaba del paradero. Ya me había pasado, y sabía que era importante hablar.
Y aquí hay algo curioso: a diferencia de las personas, Dios sí sabe lo que pensamos; Él sí lee mentes. “Antes de que haya palabra en mi boca, Oh Señor, Tú ya la sabes toda” (Salmo 139:4). Sin embargo, nos dice: “En todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios” (Filipenses 4:6). Entonces, sí, tenemos que hablar.
¿Es objeto de burla comunicar tus necesidades o preocupaciones? Por lo contrario, creo que es muestra de valentía y madurez. Jesús en Getsemaní una noche antes de ser entregado, habló con el Padre, “estando en agonía, oraba con mucho fervor” (Lucas 22:44). Estar en agonía y acudir al Padre. O mira a Josafat. Un rey de Judá, que cuando le fueron a decir que se acercaba un gran ejército en contra de ellos, él “tuvo miedo y se dispuso a buscar al Señor, y proclamó ayuno en todo Judá” (2 Crónicas 20:3). Estas dos personas se comunicaron, no se quedaron en “bueno Señor, tú sabes lo que está en mi cabeza”, y no solo eso, estas dos personas acudieron a las personas que tenían cerca y hablaron.
Entonces, sí, tenemos que hablar.
¿Necesitas algo? Dilo.
¿Te duele algo? Dilo.
¿Te molesta algo? Dilo.
¿Quieres pasar a sentarte? Dilo.
Es que si nos cuesta comunicarnos con las personas que tenemos cerca, quizás también nos cuesta abrirnos delante de Dios. Entonces, ¿optamos por mandar indirectas? ¿O ponernos raros hasta que la otra persona se dé cuenta? Por eso, comunicar necesidades, preocupaciones o reconocer una falta requiere valentía y madurez.
Hablar no es debilidad.
Pedir perdón no es debilidad.
Expresar una necesidad no es debilidad.
Y a veces no es que no sepamos qué decir, es que no nos atrevemos a hacerlo.

Comments
3 responses to “No puedo leer mentes”
👏🏽👏🏽 la última frase.
Me encantó. Me sentí identificada 🤭🙌🏼 Gloria a Dios que Él sabe lo que pensamos antes de decirlo; sin embargo, es nuestra responsabilidad expresar nuestras necesidades 🤍
Las cosas pueden mejorar. Gracias, Mafer.